viernes 27 de noviembre de 2009

Imsomniatic Meat (Capítulo 26)

XXVI


Empiezo a considerar que me cae mejor drogado, cuando su mano se apoya en mi hombro – aunque, sin ninguna intención amenazante que pueda percibir – y entre toda su sarta de incoherencias me suelta algo que para el probablemente es la cosa más clara del mundo pero que para mí no tiene ni pies ni cabeza.
¿Que encuentre a quién? ¿Dónde? Empiezo a hacer memoria a ver si me había dicho algo al respecto cuando aún estaba lúcido. Algo de una persona que estaba buscando… sí, eso era pero ni él se molestó en dar detalles ni yo quise preguntar. Y claro, ahora el hijo de puta ya esta out así que me deja con la duda. Drogado y me sigue jugando juegos mentales. Vampiro, ¡vampiro de mierda!
Así me la paso insultándolo durante los 10 minutos que tardo en llegar al junkyard del tío de Finch. Lugar donde, con algo de suerte, podré ocultar la Path durante un tiempo. Unos días. ¿Cuánto podría tardar en resolver un caso de asesinatos múltiples con los Paraops persiguiéndome?
“No, no necesito que me contestes eso.”
- ¡Aguarda! ¿Quién anda ahí? – me grita el viejo, saliendo de su casita luego de haber sido despertado por los ladridos del perro. – Ahhh, eres tú. ¿Buscas a Finch?
- No…
-¿Buscas repuestos?
- No.
- ¿Entonces qué carajo haces aquí?
- ¿Puedo dejar mi auto aquí? – digo, bajándome del Jeep.
El tío baja la escopeta y levanta el mentón como si estuviera evaluándome.
- ¿Por cuánto tiempo?
- Unos días.
-¿En qué te metiste?
- En una cloaca.
Me sigue mirando. Hace un juego con esos arbustos que tiene por cejas. Finalmente, desdibuja la seriedad fingida y estalla en una carcajada.
- Vale, vale, lo que tú digas. Déjalo ahí atrás. ¡FSSST! ¡Rocky! – le grita al perro. – Cierra el pico.
Rocky se calla, pero sólo por un par de segundos, y yo podría apostar todo el dinero que no tengo a que no ladra por mí. El tío también se da cuenta, y le señala a mi ‘pasajero’ con la punta de su Mossberg.
- ¿Qué hay de él? ¿Amigo tuyo?
- Eh… me lo llevo.
Luego de llevar a la Path hasta el fondo del ‘cementerio’ me bajo por segunda vez, caminando hasta quedar frente del auto y evaluar, realmente, el daño. Dicen que después de ese primer rasguño, todo lo demás ya no duele tanto. Bueno, por suerte mi Path ya tenía algo de tiempo cuando Vince me la entregó, aunque definitivamente él había hecho un mejor trabajo en preservarla en buenas condiciones. Si los autos pudieran hablar, me pregunto qué me diría el mío…
“Mmm, no. Creo que tampoco quiero saber eso.”
Bueno, lo primero es lo primero. Dado que mi móvil sigue sufriendo los efectos del ahogamiento, le pido prestado el teléfono al tío y llamo a Finch. Quince minutos después, su chevy se estaciona en el patio del desguace y se baja saludándome.
- Si algún día te linchan… avísame.
- ¿Para que tomes fotos?
- Iba a decir “para que pueda tener el placer de arrojar la primera piedra…”, o el primer cóctel Molotov, pero tienes razón, no quiero quedar implicado, que es lo que siempre me pasa contigo. No, no… – añadió viéndome abrir la boca. – Solo dime quién va a preguntar por ti, o si van a preguntar si quiera, si debo reforzar mi sistema de seguridad o simplemente irme a Vancouver.
- No creo que pregunten. Pero en tal caso, no tienes porqué mentirles. – le digo.
-¿A quién?
- A quien sea. Necesito tu auto.
- Ok, pero no dijiste… Espera. Espera, espera, espera…. ¿Qué?
Cae tarde.
- Ya dijiste ‘Ok’.
- Nuh-uh, ¡no cuenta!
- Si cuenta. Vamos. Media hora, y te llamo para decir donde recogerlo.
-¿No quieres que sepa adónde vas? En serio… ¿en qué te metiste ahora?
- Te estoy ahorrando problemas, Einstein. ¿Me ayudas o no?
Me mira… mira al chevy… mueve la cabeza… y con su mejor cara de fastidio me entrega las llaves.
- Eres un pésimo amigo, viejo.
- Ya lo sé.
- Por cierto, apestas.
- Ya me lo dijiste.
- No, en serio, apestas. ¿Dónde estuviste?

El lugar al que me dirijo es un cementerio abandonado en Staten Island – escondido detrás de una pared de ladrillo sobre la avenida Port Richmond, pasando apenas la Richmond Terrace. Técnicamente, es un patio de iglesia – siendo esta una vieja estructura invadida por la maleza del presente y los residuos del pasado que la hacen un lugar poco hospitalario. De vez en cuando algún mendigo, o yonkie, o algún grupito de adolescentes irrumpen la tranquilidad y el espectáculo empieza. Sí, fantasmas. O algo así. No son de los más violentos, pero pueden darte un buen susto si no estás preparado. Tampoco les gustó mucho adquirirme como vecino, pero ya se acostumbraron.
Me estaciono a seis cuadras del lugar y camino el resto del trecho por las alcantarillas. Con un vampiro sobre mi hombro. Saben… es gracioso como algunas cosas no dejan de repetirse…
Tanto me quedo pensando sobre eso que casi piso uno de mis propios sellos; lo cual hubiera sido aun más gracioso, teniendo en cuenta que llevaba a un colmilludo conmigo. Con cuidado, dejo a la ‘bella durmiente’ sobre el piso y me agacho, sacando mi cuchillo para quitar parte de la pintura. Luego lo repararé.
Después de atravesar un par de barreras más, llego hasta la puerta de mi refugio. Por decirlo de alguna forma. Es un espacio debajo de la iglesia donde puedo existir. Fuera de vista. Fuera de cobertura. Y sin pagar renta.
- A ver. – digo en voz alta, luego de dejar a mi ‘invitado’ sobre el único colchón disponible. - ¿Cuánto tiempo llevas? Unos… ¿40 minutos? Eso debería dejarme por lo menos media hora, ¿no crees?
No me responde. Cojudo. Está en su mundo feliz. Le reviso los bolsillos, quedándome con su arma, sus llaves, su billetera y su PDA, y arrastro el colchón hasta un cuarto adjunto, el cuarto de huéspedes – un 2x2 con paredes de hormigón y una puerta que podría resistir un pequeño bombardeo. Una vez que termino con eso, me levanto y me quedo unos segundos sin despegar mi vista de su sucio cacharro. Curiosamente no siento muchas ganas de pegarle, pero quizás sea temporal.
“Será mejor que tengas respuestas, Dylan.” Pienso, saliendo de la habitación y cerrando la puerta para finalmente dirigirme a la ducha.

martes 24 de noviembre de 2009

Insomniatic Meat (Capitulo 25)

XXV




Me ignora, se hace el estúpido o quizás el exceso de agua le está causando sordera; en rigor de verdad, me da exactamente igual cuál de las tres opciones es su caso. Cansado y con mi paciencia a punto de llegar al límite, no me hago cargo de mis reflejos al tomarle el volante de improviso, girarlo con violencia hacia la izquierda y hacer uso de las lecciones impartidas sobre maniobras evasivas, desencajando el freno de mano de su lugar de origen.
El impacto a causa de la abrupta detención, causa a nuestros cuerpos un ligero movimiento hacia delante; que si bien no es de gravedad, me hubiera gustado que lo fuera, y quizás, por tan solo un instante, disfrutar de la visual eventual de que se estrellara contra el parabrisas.
- Así está mejor. – le digo, apenas acomodando mi camisa; sucia, mojada y con restos de lo que espero que sean “algas”. De todos modos, la tiraré en el primer cesto de basura disponible, una vez que me baje y deje esta aventura en el olvido.

***


No soy un psicópata.
Por lo menos no lo soy más que la mayoría. Alguna vez perdí la paciencia por un cajero lento, habré tenido algún que otro pensamiento homicida al recibir una llamada de telemarketing y sí, quizás fui un poco cruel con los animales de niño. ¿Pero eso es normal, saben? Así como querer romper la mandíbula del vampiro que intenta secuestrar tu auto. Eso no es psicosis, es ira justificada.
Claro que no llego a hacerlo. Sería bastante gracioso si tratara de abalanzarme sobre él con el cinturón puesto, que es lo que me salva de ser tragado por el parabrisas; pero, al sentir que el auto ha dejado de moverse, mi primera reacción es bajar la mano hasta el estuche de celular sobre mi cinto y sacar la jeringa para devolverle a Harker la misma cortesía que me había brindado y clavarle la aguja en el hombro. Claro que si fuera inteligente, lo hubiera hecho hace horas.
- Sip, mucho mejor.


***


Ouch.
Podría ser un mosquito, una abeja, una serpiente venenosa. Podrían ser las uñas de una mujer bonita. Hasta podría ser mi jefe clavándome un compás – lo ha hecho – pero no. Tiene que ser una aguja con su jeringa correspondiente en la mano del cazador.
La última vez que me clavaron una de esas, me desperté veintiséis horas después en un barco sobre el Océano Indico con destino a Kenia. Lo que sucedió después es una historia bastante larga, que si me tomo el tiempo de contárselas aquí, es probable que, lo que sea que se está esparciendo por mis venas, comience a hacer su efecto antes de que pueda enterarme de qué se trata lo mismo.
- Te entiendo, que se metan con tu auto es bastante irritante, ¿pero necesitabas hacer algo así?

***


“Tarda un poco”.
Un poco podrían ser un par de minutos para un oso y diez para un vampiro. No es la más satisfactoria de las explicaciones, pero supongo que no puedes esperar mucho si haces tus compras de segunda mano y sin receta médica. En resumen: aunque ya se encuentre drogado, el sujeto no se calla. Claro que yo no voy a esperar a que lo haga, tengo cosas que hacer – como ducharme – y si piensa seguir haciéndose el gracioso… no sé, que lo haga nomás.
- No puedo matarte. Por lo menos no aun. – le contesto, con una carcajada medio absurda, mientras vuelvo a bajar el freno de mano y retrocedo el auto. – Y si supieras adónde vamos, tendría que hacerlo, así que… relájate y disfruta del viaje.
“Odio este día.” Pensamiento que para variar, salta en mi mente, mientras Jimmy, tan bueno el, sigue con su retorica.
- Generalmente no suelo disfrut… disfr… d… ok, ¿qué – me – inyectaste?
- Hmm… - trato de hacer memoria mientras giro el volante. En eso noto que la lluvia ha parado así que apago el limpia parabrisas y prosigo con el camino que había pensado tomar desde el principio. Antes de haber hecho todas estas… desviaciones.
- Ketamina… medetomidina… y… alguna otra cosa que empieza con “b” que se supone que te pone eufórico. ¿Te sientes eufórico?
- ¿Benzodiacepina? ¿Buitirofenona? ¿Butorfanol? ¿Me crees un perro? ¿O un cachorro?
- Butorfanol… Si, esa es. –contesto luego de pensarlo un poco. Aunque creo que a Harker no debe importarle mucho a este punto, pues ya está en otra.
O por lo menos, parece estar en camino.

***


¿Si me siento eufórico? Para empezar, no siento mi brazo izquierdo y creo que al derecho le falta poco, por lo que antes que se duerma del todo, lo levanto como puedo y apoyo la mano en su hombro.
- Para que lo sepas… no… nunca me pongo eufórico. Jamás. A veces… a veces… a vec… veces, neurótico… aunque corrientemente paranoico.
La boca comienza a molestarme, o quizás sea la lengua, que pastosa, no puedo ubicarla donde quiero para formar las palabras. Es muy fea la sensación, sobre todo cuando sabes qué es lo que sucederá en breve.
- Quizás ahora no puedas matarme… pero tal vez lo hagas después. Así que te pido un favor. – sinceramente, en mi cabeza eso suena bien; no obstante, no tengo una sola idea de cómo se escucha. – Búscala y encuéntrala. Es lo único que necesito.
En rigor de verdad, necesito que las cosas se queden como están, pero se mueven y se vuelven oscuras; ennegrecen, pierden vida y color. La luz desiste en su camino y vencida, llora oculta tras las sombras traicioneras que amenazan con cubrir mis pupilas y dejarme ciego.
A propósito, el párrafo anterior no es poesía; es realidad. Llano, liso y literal. Antes de que Tom se apiade de mí y me corte los dedos, los bajo regresándolos a mi regazo, donde acomodo mi cuerpo a la espera de Morpheo cerrando mis ojos.

viernes 20 de noviembre de 2009

Imsomniatic Meat (Capítulo 24)

XXIV


A veces, sinceramente no me entiendo. Si yo sé como terminan estas cosas… ¿porqué no hago algo para evitarlas? A lo mejor sucede que voy por lo simple, pensando que por esta vez no tienen porqué salir de ese modo. Aun así, las experiencias de mi vida deberían darme algún tipo de pista, de indicación, de cartel señalador con luces de neón, explicándome las razones del porque no. Dejar a tu esposa vampira relacionarse con un cazador exhaustivo fue una de esas tantas advertencias que no quise ver. Perderme entre los cabellos y las palabras de una niña de catorce años fue otra.
Curiosamente, Alan me ha pegado patadas, regalado gritos y hasta me ha dejado post-it pegados en el borde del monitor de mi PC por cada uno de esos avisos, pero como siempre, hice un bollito con ellos para jugar a encestarlos en el tacho de basura más cercano a mis pies.
¿Entonces qué sucede? Hoy me encuentro en el SUV de un Cazador, que después de haber omitido por completo mi consejo de abandonar el antifaz de superhéroe de acción, tiene las agallas para encima comentar un “Ahora, adónde demonios te llevo…” ¿Qué soy acaso? ¿Su marioneta? ¿Su discípulo? ¿Su doncella en apuros?
No puedo hacer otra cosa que girar apenas unos grados mi cabeza hacia él, mirarlo fijo, gesticular con mis cejas y suspirar, con una cuota de mal grado acumulada.

- Detén el auto. Ahora.

***
Cuatro días. Cuatro putos días fuera del taller. Esto es más allá de mala suerte, es… el colmo. Está bien que traten de asesinarme, o arrestarme o implicarme en un crimen o ponerme una multa o lo que sea… ¿pero siempre tienen que meterse con mi auto?
“Cállate.” le digo a mi vocecita interna, al sentir prácticamente como inspira para soltar otro de sus comentarios oportunos.
“Ya sé adónde te llevaré” me digo. “El desguace del tío. Llamaré a Finch para decirle dónde estás y te cuidará mientras… yo escondo al colmilludo de los Paraops. ¿Ves? No hay ningún problema. Para nada.”
“Ah—“
“Callate.”
En eso el vampiro me dice que detenga el auto. Sí, claro, me cree un taxi ahora. Se nota que no tarda mucho en ponerse cómodo.
Opto por la solución madura y lo ignoro.

lunes 16 de noviembre de 2009

Insomniatic Meat (Capitulo 23)

XXIII




- ¿Si vi qué?
Es lo primero que atino a decirle, antes de obtener el deber, por pura inercia cinética, de tomarme de la primera manija disponible que encuentro antes de ser arrojado por el parabrisas o servir de un nuevo accesorio para la guantera.
Dos segundos tardo en darme cuenta cuál es la causa de tal exabrupto apresurado y tan poco ético: el mismo taxi que casi pisa a mi desafortunado compañero – no, aguarden, el desafortunado soy yo al tenerlo a él de compañero – ahora nos sigue. Entonces hago lo que todo buen samaritano haría en mi lugar. Saco mi teléfono desde el bolsillo, intento hacer foco con mis ojos en el espejito de la derecha, anoto la matricula del individuo negro y amarillo y acto seguido…
Si, pido una orden de captura. ¿Qué piensan? ¿Que me quedaré esperando a que el cazador lo pierda? A la velocidad a la que va me conducirá a ser el primer vampiro con ataques cardíacos.
- DUY-27P.
- ¿Y que se supone que haga con eso?
- Fíltralo.
- ¿A quién?
- Al NYPD.
- ¿Urgencia?
- Ya.
- ¿Ves que soy siempre yo? ¿Por qué no se lo pides a Marcos, eh?
Si quisiera que nos cayera delante del parabrisas y ahora mismo un escenario con arbolitos, una mesa de té y dos señoras con vestidos, seguramente se lo pediría a Marcos, pero justamente por ello es que nuestras labores en la ASE se encontraban divididas, por mucho que a veces no lo pareciera. Nuestra agencia siempre se ha caracterizado por lograr los resultados bajo soluciones excéntricas y métodos de dudosa moral; aun así muy efectivos. Y esto es exactamente lo que nos hacía únicos en el oficio; como por ejemplo, tener un hacker que pueda filtrar una orden de detención y allanamiento al Departamento de Policía de New York estando en una base en Argentina y que funcione, es una de esas tantas cosas que tampoco tienen precio.
- Entre cuatro y seis minutos tendrías que dejar de hacerte el Van Damme. – le suelto a Tom, una vez que hubiere dejado los reclamos de Alan en el olvido.


***


- Seis minutos… eso es una eternidad. – le contesto. Claro que yo tampoco cuento con que esto dure tanto. Si tengo razón, y el taxi es una marioneta (porque no voy a joderme la cabeza pensando en la suerte del taxista… mientras menos personal sea, mejor), entonces el titiritero no debe estar muy lejos, a menos que se haya quedado atrás y esto sea un triste intento de no perder a su presa – o sea, a la Sirenita y a mí. Obvio que yo no podría tener tanta suerte.
Sin usar apenas los frenos giro el auto, zambulléndolo en una callejuela estrecha. De puro milagro logro evitar ese poste que el cab amarillo termina besando al deslizarse un poco más sobre la pista mojada. Y entonces aparecen. El mismo auto negro de antes, asomándose por la esquina cuando estoy a 2.5 segundos de cruzarla, con toda la intención, claro, de bloquearme el camino. Por un momento me parece oír, incluso una especie de llamada; un knock knock mental diciendo que me detenga, invitándome a resolver este malentendido. No sé, quizás sean alucinaciones mías, pero si no lo son, lo están intentando en vano. Este cráneo no encierra nada que podría servirles.
“Deja la pavada Jedi para los taxistas” pienso y acelero al máximo, viendo, casi en cámara lenta, como la nariz del Jeep negro empieza a taparme la salida y el no tan distante ruido de un camión se oye a la derecha. Y entonces el tiempo vuelve a acelerarse y la parte frontal de mi SUV impacta con el auto negro… pero mientras este se desvía en diagonal, la Path logra mantener su trayectoria, evitando por un par de pelos al camión cuyo conductor apenas tuvo tiempo de tocar la bocina.
- Bueno, eso debería retrasarlos un poco… - medito en voz alta. – Ahora, adónde demonios te llevo…

jueves 12 de noviembre de 2009

Insomniatic Meat (Capítulo 22)

XXII



Voy a tomarme mi tiempo; si él es un descerebrado kamikase no tengo porqué serlo yo. Aun así, es uno con suerte, ya que el taxi que iba directo hacia su persona logró esquivarlo. Desgraciado... a mí seguro que me arrollaba...
Bajo la estúpida ley de que no sucede lo mismo dos veces, me inspiro de confianza para ascender yo también y finalmente llegar caminando hacia su vehículo. Debí imaginármelo; Path, nunca sedán. ¿Es mucho pedir un auto normal?
Comienzo a extrañar el Volvo, cuando noto, contrariamente a lo que di por sentado, que el automóvil se encuentra muy limpio por dentro, demasiado hasta para nosotros mismos, dado lo sucios, mojados y sumamente acelerados que estamos.
El cazador apenas pisa el pedal poniendo primera y el sentido de oportunismo que me sigue a todas partes se hace presente al vibrar mi celular; igualmente, el colmo es saber por anticipado de quién recibo la llamada, al observar el display. Tobías Cramer. El dueño del pedazo de cielo que ahora debe sucumbir en el infierno gracias a la fuerza policial.
- James… oye… quizás es un poco apresurado o no entiendas lo que te diré, pero… ¿por casualidad acaban de irrumpir en mi departamento?
“¿Quién le avisó tan rápido?” pienso tras lo dicho, mientras busco la manera de dar forma a una buena excusa.
- Cómo supiste… ¿te llamó la policía? – acuso, especulando que tal vez se comunicaron con el previamente.
- No, un Oráculo.
- ¿Y no fue capaz de anoticiártelo antes de que sucediera?
- Es algo perra; no importa. ¿Estás bien?
- Digamos que logré escapar justo, pero sí, estamos bien.
- ¿Estamos? ¿Con quién…?
- ¿Podemos hablar después? No es el mejor momento.
- Tú estás a salvo mientras destruyen mi hogar… creo que para mí no es un buen momento.
- Te pagaré los daños.
- Más te vale. Si necesitas algo llama.
- Dalo por hecho.
Ahora, la pregunta que me queda colgada al cortar es… ¿a dónde? Sinceramente, si tienen teléfono no me lo sé. Por lo pronto, bajo mi mirada hacia las alfombras del piso, cavilo un par de estupideces y luego giro mi cabeza hacia el conductor.
- Pudieron haber aparecido hace semanas; mi tarjeta, junto a mi número y a mi alias, se hallaba en cada cartera de cada bolsillo de cada CEO asesinado. No obstante, recién ahora están adentro, pesquisando cada sector de la casa, tocando absolutamente todo lo que esté al alcance de sus manos y de lo que no y violando mi intimidad y la de mi amigo. Curiosamente, tú apareciste una hora antes. Por tanto, y en razón de dicho argumento – inspiro, sosteniendo la calma que me falta – la necesidad me exige preguntarte cuál es tu conexidad con cualquiera de estos grupitos de “auto ayuda y destrucción” nuevos. ¿Y sabes qué sería ideal agregar? A dónde exactamente estamos yendo.
***
A veces, todo lo que necesitas es un poco de lluvia y un inglés neurótico para hacerte sentir como si estuvieras de vuelta en la querida GB. Eso y, claro, una buena persecución. Ustedes dirán, ¿pero qué demonios tienen que ver las persecuciones con Inglaterra? Para mí, bastante. Pero esa es otra historia, por ahora, sigamos con la actual.
- ¿Para qué haces eso? –le pregunto, encendiendo los limpia parabrisas. – Podrías hablar sin ahogarte, total, no necesitas respirar. En fin… - agrego, sacando del bolsillo mis cigarrillos mojados y mi celular, que corrió la misma suerte pero parece no estar del todo muerto. A veces cuando los dejas secar…
- … conozco a una persona dentro de la PCI. Ella me avisó de que estaban a punto de identificar al asesino. ¿Por qué ahora? No lo sé, tal vez sean estúpidos, tal vez hayan estado esperando algo, o tal vez simplemente no sea tu día de suerte. Ni el de tu amigo. – concluyo, recordando eso de ‘intimidad violada’. – Ahora cállate y déjame… hmm. – musito, cortando la frase al observar algo muy curioso por el retrovisor. El mismo taxi que me había esquivado – porque podría jurar que es el mismo – se detiene en seco y da una vuelta en plena carretera, empezando a ir tras nosotros.
- ¿Viste Matrix? – le digo, casi como una reflexión pasajera, antes de pisar el pedal de gas a fondo.

jueves 5 de noviembre de 2009

Insomniatic Meat (Capítulo 21)

XXI



Etapa número dos de la relación: invención de apodos. Por lo visto, avanzamos rápido. De todos modos no me tomo la molestia de contestarle, antes de él tomar por el camino de la derecha y yo me quede sin opción en pos de seguirlo.
Agua, ratas, objetos perdidos y mucho mas agua, hasta que las luces de nuestras linternas nos alegran con la ilusión de la meta. Adelante, se aprecia un nivel mas bajo, por lo cual dejo el nado de pato y comienzo a caminar, arrastrando el peso de la resistencia ofrecida.
Pegada a la pared, se halla una escalera, la que nos podría llevar a la libertad.
- Si bajé yo primero, subo yo primero también. – le digo, posicionándome para ascender y tal vez comprender que se haya del otro lado del agujero de conejo.
Ejerciendo un poco de presión, con la punta de mis dedos, logro girar la tapa, para nada mas dar un vistazo y dejarla inmediatamente en su lugar.
- Estamos en la mitad de una calle… y hay autos. ¿Quieres intentarlo tú?

***


“Gracioso. A lo mejor llego a extrañarte… aunque yo extraño muchas cosas y ninguna de ellas me devuelve el favor.” Pienso, mientras el Aquaman sale del agua y se me adelanta.
- Hmm… ¿No que era “Si bajé yo primero, subo yo primero también”?- claro, como si tuviera todo el día, cuando en realidad no tengo ni la mil cuatrocientos cuarenta… — bueno, esa parte que es un minuto.
Me acerco y lo miro hasta que se aparta, después de lo cual subo las mismas escaleras y levanto la tapa apenas un par de centímetros. La calle realmente es bastante transitada y el semáforo más cercano no está tan cerca, así que no me queda otra que ir a lo bruto. Tiro la tapa a un costado rápidamente, saco mi torso del hueco y me impulso con mis cuatro extremidades para saltar y quedar afuera completamente. Acto seguido me incorporo y me quedo parado como un monumento, esperando que el taxi que está yendo directamente hacia mí corrija su rumbo, cosa que hace bruscamente, al esquivarme por unos 5 pies.
- Tómate tu tiempo… en serio. – le digo al vampiro.

martes 3 de noviembre de 2009

Juego Series TV

Pequeña interrupcion en nuestros updates semanales para colgar un juego obsequiado por Mundo Romance (gracias chicas) para todos aquellos que deseen probar su conocimiento en series antiguas... o simplemente les agarro la nostalgia.



Mi puntaje fue 38%... no se si sentirme mal o bien por no ser tan nerd de estas cosas...